Las palabras hechiceras

El Cardenal Alfonso López Trujillo, presidente del Consejo Pontificio para la Familia y la Vida, en su magistral conferencia durante el Congreso Nacional de la Familia de Madrid (18-11-01), trató de manera sintética el importante tema de la manipulación del lenguaje. Consiste, decía él, en un trabajo sistemático e inteligente para desvirtuar los principios mediante el uso de lo que llamó "palabras hechiceras y cautivantes".

El tema, ya tratado por grandes pensadores contemporáneos, se podría resumir de la siguiente forma:

Estamos frente a un proceso de cambio de sentido de ciertos vocablos en sí buenos, nobles  y atrayentes, para colocarlos al servicio de una corriente ideológica y de un modo de pensar ni bueno, ni noble, ni atrayente... Cada palabra es manejada de modo que ejerza sobre las personas un efecto psicológico propio. Son palabras eficaces y sutiles como un talismán. Los órganos de publicidad prestigian a quienes las usan.

Una de las expresiones más características mencionadas por el Cardenal López Trujillo, es la "libertad de decidir",  pro choise, en el lenguaje de los norteamericanos.  Nada más fundamental y simpático que defender la libertad de escoger. Entretanto, esta libertad se refiere a la decisión que las personas tendrían con respecto de sus hijos, por ejemplo, ¡de decretar la pena capital sobre ellos! El aborto, horrendo  asesinato anual de 50 millones de niños es disfrazado bajo la "bonita" expresión "libertad de escoger".

Otras manipulaciones se hacen al hablar de "género", de "derechos sexuales", de "salud reproductiva", de "interrupción del embarazo", de "planificación familiar". Estas expresiones  pueden tener un sentido bueno o neutro, pero algunos medios de comunicación, activistas o políticos, les van dando otros significados. Hacen evolucionar los vocablos en sentido relativista, favoreciendo todo lo que destruye la familia y su entorno. Es un trasbordo o trasvase ideológico inadvertido a que se ve sometida la masa de la población.

Son ideas simpáticas y generosas que impresionan bien porque se proponen atacar una injusticia flagrante, apartar un peligro temible o una desgracia presente. Por ejemplo, se muestra la desventura y los riesgos de los abortos clandestinos y se defiende la legalización de la "interrupción del embarazo". Bajo el pretexto de fraudes en las nulidades matrimoniales, se instaura el divorcio legal. Para favorecer la "libertad sexual", se institucionalizan las "parejas de hecho".  Contra el SIDA y otras enfermedades se propone la "salud reproductiva". O sea, anticonceptivos, en vez de proponer la abstinencia sexual fuera del matrimonio. El "género", masculino o femenino, no es la identidad sexual natural creada por Dios, sino una "imposición cultural".

Recientemente los medios de comunicación dieron una cobertura sensacional a la tragedia de una persona que sufría una dolorosa enfermedad incurable. Se decía que la infeliz víctima deseaba una "muerte asistida". ¿Quién no desea ser "asistido" en la hora de la muerte? Asistencia espiritual, para preparar el alma a su encuentro con Dios; asistencia de la familia, que con su afecto le haga más suave la separación; asistencia médica, que le atenúe los sufrimientos de la muerte. Sin embargo, no se trata  de nada de esto. La "muerte asistida" es la expresión "talismánica" para no decir eutanasia.

Con base en esta campaña de publicidad, que llamaba a la compasión por el sufrimiento de una persona, se facilitó la aprobación, en algunos países europeos, de leyes que permiten la eutanasia. Es el primer paso, dentro de la estrategia del "gradualismo" de que hablamos en el punto 1, arriba. Esas leyes abren un abismo de perspectivas, para ancianos o niños, de que la sociedad pragmática y materialista, les venga a condenar a muerte en el futuro.

¡Serán apenas proporcionadas "muertes asistidas", cuando ellos no sirvan más o causen incomodidades o gastos a sus familiares o al Estado!

Así también, la palabra libertad  puede llegar a significar, anarquismo, amor libre, represión a la moral, destrucción de la familia, etc.

Son técnicas de persuasión implícita que se valen del lenguaje para, paso a paso,  conducir a la persona, imperceptiblemente,  a pensar de modo diferente a lo que constituyen sus valores. Ideas que si son dichas de frente serían rechazadas, pero que expuestas con términos atrayentes, en un proceso largo de evolución del lenguaje, las personas terminan por asumir. La víctima no percibe que está siendo sometida a esas técnicas psicológicas e, incluso, se figura que son descubrimientos realizados por ella misma.

El mayor peligro no está en que, por ejemplo, la institución de la familia sea derrotada por la aprobación de una ley inicua por parte de una simple mayoría de políticos, que no representan la opinión general. Lo grave es cuando las personas cambian sus principios y  modos de ser insensiblemente, por efecto de éstas y otras estrategias manejadas por la corriente antifamiliar.

Entretanto, la efectividad de las palabras hechiceras o talismánicas  puede ser "exorcizada" mediante su aclaración. La gran fuerza de estas palabras proviene del hecho de provocar emoción y disimular la evolución de su significado. Una vez denunciado el veneno que contienen, perderán su peligrosidad. De ahí la utilidad que estimamos tiene este tema levantado por el Cardenal López Trujillo.

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