Proceso psicológico de erosión de la familia y de la sociedad

"Espontaneidad", "naturalidad", "autenticidad", son disposiciones de alma que pueden conducir a evitar el esfuerzo de pensar, de querer, de cohibirse. Inducen a dar rienda suelta a la sensación, a la fantasía, a la extravagancia, a todo, en fin.

La televisión que excita, va matando el libro que convida a la reflexión. Las ideas se van empobreciendo y con ellas el vocabulario. Hablar se reduce, en ciertos círculos, a narrar con algunos tantos vocablos básicos, algunos tantos hechos elementales. Según algunos, divertirse es saltar y dar gritos sin sentido. Es reír. Reír mucho, pero sin mucha razón de reír.

Está claro que en materia sexual, mas aún que en cualquier otro campo, la contención es rechazada. La "moral sexual" de cierta gente consiste en legitimar todos los desmanes para evitar complejos. El pudor sería, así, el gran enemigo de la moral. El libertinaje, el camino para la normalidad...

"Ideas amplias". Quien las tiene, debe pactar con todo. Autoridades, gobernantes, profesores, padres que no aprueben todos los disparates enumerados, son déspotas de ideas estrechas, que quieren mantener el yugo de prejuicios hoy ya insostenibles.

Pero dirá alguien, ¿tal modo de ser no es el de una minoría extravagante y no el de la mayoría? ¿No es verdad que ésta asiste desolada y disgustada a tales excesos? Desolada y disgustada, sí. De acuerdo. Pero agreguemos enseguida: también aplastada y sumisa. Pues la historia de todos los "progresos" de estas décadas que se siguieron a la Revolución de la Sorbonne, ha sido esta:

a) una minoría lanza una extravagancia "loca";
b) la mayoría se horroriza y protesta;
c) la minoría insiste;
d) la mayoría se va habituando, adaptando, sometiendo;
e) entretanto, la minoría prepara un nuevo escándalo;
f) y este escándalo tendrá igual éxito...

Así, la mayoría va entrando en este mundo nuevo fascinada, horrorizada, hipnotizada, como el pajarito entra en la boca de la cobra. De tanto disminuir la pulcritud, ella morirá. De tanto acortar los trajes, ellos desaparecerán. De tanto silenciar los valores fundamentales de la cultura y del espíritu, ellos desertarán de la tierra. De tanto estimular desórdenes, estos acabarán por invadir y sumergir todo.

¿Habrá un medio de evitar esto que no sea luchando por nuestras instituciones, portadoras de todos los valores auténticamente cristianos, o simplemente humanos, que este huracán va destruyendo?

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