La corrosión del instinto de protección a los hijos y familiares

El fenómeno de la violencia en el ámbito doméstico o familiar, que año a año crece en nuestra sociedad, es, sin duda, uno de los delitos que más horrorizan. En España tuvimos 27.019 denuncias sobre estos malos tratos en el año 2001, según memoria de la Fiscalía General del Estado[1]. De enero a septiembre de 2002 ya se había contabilizado una cifra proporcionalmente mayor en un 17 por ciento: 22.826 denuncias[2].

Una madre que hiere o mata a su hijo, un padre que abusa sexualmente de una hija, un descendiente que golpea a un anciano abuelo, hijos que insultan a sus padres, un esposo que hiere o mata a su esposa, eran, hasta hace pocos años, no sólo delitos infrecuentes, sino restringidos al más bajo mundo del hampa[3].

Sólo gente de muy mal corazón pierde el sentimiento natural de respeto y bienquerencia hacia los suyos. Pareciera que el propio instinto de protección a los hijos, que se observa incluso entre los animales, se va erosionando.

Infelizmente, el deterioro moral de la sociedad ha llegado a un punto tal, que nos vemos obligados a incluir este asunto, no en una obra sobre criminalidad, sino respecto de la familia...

Los periódicos nos informan casi a diario de casos espeluznantes de violencia doméstica. Entretanto, los estudios al respecto aún no son lo suficientemente determinantes y globales como para sacar conclusiones genéricas y consistentes. Daremos, entonces, apenas algunos datos al alcance de cualquier lector de diarios españoles, a título de ejemplo, sin pretender hacer un trabajo profundo, que trascendería la finalidad de esta obra y nos desviaría de nuestro asunto central.

 

 

 

[1] Cf.  El País, 17-9-2002.

[2] Cf. ABC, 26-11-2002.

[3] El Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, Pedro Núñez Morgades, afirma, según el diario El Mundo (18-3-2002), que exactamente los malos tratos "han pasado de ser característicos de capas sociales bajas a pasar a otros estratos. Las agresiones ya no son exclusivas de familias desestructuradas o marginales, sino que menores pertenecientes a otras clases también sufren malos tratos. ´Aunque sí he de reconocer que existen determinados factores desencadenantes en sí mismos de malos tratos, como el alcoholismo, la drogadicción, el paro o los problemas mentales de los progenitores´", explicó el Defensor.

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