El Día del Padre es una fiesta familiar para que los hijos agradezcamos lo que él ha hecho por nosotros.

     En medio de la desolación contemporánea, restablecer la figura del padre como Dios lo quiere, puede ser un gran paso que humanice y ordene la sociedad.

     Creo que todo el caos, el desorden, los conflictos y la inmoralidad que nos rodean tendrían solución a partir de que consiguiésemos restablecer el verdadero rol del Padre en la educación de los hijos, en la unión de la familia, en el trabajo honrado y en la fuerza con que enfrenta las adversidades.

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